La última noche que nos vimos quisiste cuidarme. Esas palabras usaste. Me quisiste cuidar y ni sabías lo que me pasaba.
Yo tampoco sabía bien que me pasaba.
Pero tuve miedo y supe que sí, que tenía que cuidarme, entre tantas cosas de vos.
No quería. De verdad. Hubiera sido mi última opción.
Me costó decirte que te fueras - ya se que te diste cuenta- . Pero esa noche tenía tantas ganas de llorar, y me moría de verguenza de hacerlo y que me vieras. Quería huir. Llorar hasta quedarme dormida.

Cuando por fin te fuiste, camine dos cuadras y se hizo de día. El aire de la madrugada me envolvió de nostalgia. Me vi en tus ojos. Seguía escuchando tu voz. Y también te llore un poco.
Me dí cuenta lo inutil que era entregarme a tu palabra si no podía tocar ni un borde de tu corazón. Cuando estaba por sentirme triste me consolé sintiendome orgullosa. Mi instinto me salvó. Me cuidé de vos.

Si me hubiera creído tus palabras - tan livianas-, si hubiera mezclado mis lagrimas con tu saliba, si me hubiera arriesgado a mojar tu almohada, hoy tendría el corazón en llanta y tu nombre como mala palabra. Pero torcí el destino -quizá la suerte-  De esta manera no te guardo rencor y me considero un poco mas perceptiva, como si hubiera adivinado. Me salvé. Te cuidé.

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